contador de visitas El sciolismo ruega por el 40 y los 10 puntos de diferencia - Beto Valdez
Viernes, 03 de Abril del 2020
sábado, 12 de  septiembre de 2015

El sciolismo ruega por el 40 y los 10 puntos de diferencia

El sciolismo ruega por el 40 y los 10 puntos de diferencia

En el sciolismo reconocen que el gobernador aparece estancado, como si la marca alcanzada en las PASO hubiera establecido su techo. Macri también aparece estacionado apenas por arriba de los 30 puntos. El tercero en este podio, Massa, parece conservar gran parte de los votos de su socio José Manuel de la Sota. Su imagen ha subido en las últimas semanas pero eso aún no se refleja en una recuperación electoral a los niveles que supo tener hasta hace unos meses.

Pero volviendo al candidato oficialista, del que muchos presagiaban que tras las primarias iría en busca del voto independiente, despegándose un poco de la presidenta. Pero esa apuesta de gran parte del PJ parece haberse abortado por decisión del propio Scioli. “Está convencido que cualquier desmarque le va a generar una pelea con la Casa Rosada y dice que sin Cristina pierde”, sostienen con preocupación sus colaboradores.

Sí buscó respaldarse con los gobernadores peronistas, pero luego de que tres de ellos quedaran muy expuestos ante la sociedad -Alperovich, Fellner e Insfrán, los dos primeros bien cercanos a Scioli-, se optó por darles aire a gobernadores más presentables para ese electorado independiente. Como el salteño Juan Manuel Urtubey, quien puso la cara, para diferenciarse del discurso cristinista. Pero en los últimos días el joven gobernador se muestra decepcionado: “Daniel no cumplió su parte del acuerdo y me dejo pedaleando en el aire”.

La única muestra personal de independencia la dio Scioli yendo al programa de Alejandro Fantino acompañado por Miguel Beín -quien tiene posturas distintas de las de Axel Kicillof-, definido a partir de ahora como su principal referente económico. Pero esa incursión mediática, como para reforzar los temores del ex motonauta, generó malestar en el ministro de Economía, fastidio que aparentemente también es compartido por la propia CFK.

                       El dato no es menor en el tramo más caliente de la campaña y porque se suponía entre propios y extraños que había una suerte de tregua, de “paz no firmada” entre Scioli y el grueso del kirchnerismo duro que lo acepta porque no le queda más remedio. Pero la bronca de Kicillof se acumuló con otras que le provocaron los integrantes del equipo económico del gobernador en las últimas semanas.

El primer enojo del ministro favorito de Cristina fue contra su colega bonaerense Silvina Batakis cuando esta había comentado su preocupación por el escaso nivel de reservas del Banco Central. Una toma de posición que también disgustó en Olivos y que no se explica sin un guiño o hasta un aval directo del candidato presidencial. También le molesta la influencia de Mario Blejer en el entorno del gobernador sobre todo en materia de cómo tratar el tema del endeudamiento externo.

La gota que rebalsó el vaso y la paciencia de Kicillof, que no tardó en quejarse ante su jefa, fueron las declaraciones públicas de Beín. Fue demasiado para el ministro (y también para Cristina) que su eventual sucesor haya hablado de la necesidad de eliminar el cepo al dólar, de terminar con el tipo de cambio múltiple, de acordar con los fondos buitre para salir a buscar créditos a bajo costo en el exterior

Y por si no bastase, además molestó que el economista hablara de la necesidad de combatir la inflación y los niveles de pobreza. Dicen las fuentes que quien conoce todos estos detalles, como no podía ser de otra manera, es el candidato a vicepresidente, Carlos Zannini. Tal vez por casualidad, o no,  reconoció esta semana que con Scioli tienen “vidas absolutamente distintas”, pero que “se puede construir desde la diversidad, aunque no pensemos lo mismo”.

Precisamente, la agenda económica desvela tanto a los operadores sciolistas como el amesetamiento en las encuestas. Uno de sus colaboradores más cercanos tiene un diagnóstico tan pesimista de la “herencia económica” que admitió en una reunión que prefiere que “explote todo después de ganar las elecciones así podemos asumir sin dibujar el discurso porque la sociedad le echará la culpa a Cristina”.

No desconocen que el kirchnerismo deja una economía que necesita un ajuste y se dispone a ponerle todos los palos en la rueda disponibles a quien le toque gerenciar esa desgastante tarea. Por añadidura la próxima administración deberá lidiar con un Banco Central gobernado por discípulos de Kicillof. Y a eso habrá que  sumarle que intentan coparticipar el impuesto al cheque para que el futuro presidente no clientelice a los gobernadores peronistas y crear un cuantioso fondo del Conurbano para Aníbal Fernández (si gana).

Por eso no terminan de encontrar, en este contexto, un resquicio para pasar los 40 puntos de intención de voto. Esto explica en parte el malestar del gobernador porque sus asesores no le llevan buenas noticias desde hace tiempo. Son escépticos respecto a la posibilidad de ganar la primera vuelta con el 45%, sólo creen que podrían pelear los 10 puntos de diferencia logrando superar el 40%. Se aferran al esfuerzo de superar ese techo y a una supuesta transferencia de votos de Macri a Massa que lo bajen al candidato de Cambiemos del 30%, un escenario hoy poco probable que suena más a expresión de deseos del equipo de campaña del sciolismo.

Hablando de números, el encuestador Carlos Fara, que venía anticipando un escenario muy favorable al oficialismo y a su candidato tuvo que recalcular sus pronósticos luego de realizar su última medición en el área metropolitana. La aprobación de la gestión presidencial volvió a bajar: había tocado un pico de 57 %  a principios de julio, bajó a 52 % una semana antes de las PASO y ahora está en 50 %. Coincidente con otros consultores que la ponen por debajo de ese número.

El optimismo sobre el país bajó del 53 % en agosto al 47 %. El optimismo personal pasó del 73 % el mes pasado al 68 % ahora. En julio el 53 % creía que la Argentina iba por el camino correcto, el 49 % en agosto y ahora bajó al 39 %: un descenso realmente importante. Los sentimientos positivos respecto al país (esperanza + alegría / satisfacción) eran del 45 % en julio; una semana antes de las PASO bajaron a 41 % y ahora suman el 37 %.

La tendencia de cambio – continuidad está en 55 a 44 % respectivamente. Por todos estos datos Fara concluye que “al ser el voto de Scioli concomitante con cómo le vaya al gobierno, al decaer la aprobación presidencial -y caer el optimismo sobre el país y la situación personal- es lógico que las posibilidades electorales del oficialismo de ganar en primera vuelta no prosperasen”. “Así de compleja es la cuestión: -agrega- el gobernador tiene con Cristina una sociedad electoral indisoluble. A esta altura, su capacidad de capturar independientes no K todavía no se verifica en la realidad”.

 



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